08 octubre 2008

Obsesiones seminales por Josep Tomás


Sí, ya sé que parece el título de una peli X. De hecho, por ahí van los tiros... También podría haber titulado este post como '45 km/h', que es la velocidad que puede alcanzar el semen cuando eyaculamos, pero me hubiera quedado muy DGT... Bastante tenemos con el tema del carné de conducir, los puntos y los radares fijos y móviles, como para recordarlo también aquí.

El caso es que en los últimos encuentros digitales (por cierto, ahora son los últimos viernes de cada mes), he podido constatar una cierta inquietud por parte del sector más joven respecto al tema del semen. ¿Será por los recientes estudios que indican que los españoles tenemos cada vez más problemas de fertilidad derivados de la mala calidad de nuestro semen? Debería, pero no. Yo diría que tanta pregunta sobre cómo eyacular más cantidad de semen o a mayor distancia (no sé si aún emiten '¿Qué apostamos?' en algún canal) se debe a la influencia del 'citius, altius, fortius' olímpico aplicado a la sexualidad humana, tan de moda en nuestros días. El más rápido, más alto, más fuerte promovido por la pornografía lleva a más de uno a pretender emular a sus 'héroes' de la pantalla, con la consiguiente frustración o sentimiento de inferioridad cuando no se alcanzan determinadas y discutibles metas.

Los hay que darían lo que fuera por eyacular como si se tratara de la Fontana di Trevi o un géiser islandés. Sin embargo, hay que recordar que la cantidad de líquido seminal no tiene nada que ver con nuestra capacidad fertilizadora ni por supuesto nuestra masculinidad. El volumen de semen que eyaculamos responde a características propias de nuestra anatomía así como al grado de excitación en que nos encontramos cuando alcanzamos el orgasmo. Es más, conozco el caso de un amigo mío que vive con bastante angustia el hecho de eyacular habitualmente de manera bastante exagerada, montando unos 'pifostios' extraordinarios, sobre todo cuando lidia en cama ajena. A este paso tendrá que salir de casa, además de con los preservativos, con una botella de detergente líquido. El frotar no se va a acabar.

Ya sé que es el 'bla, bla, bla' de siempre; sin embargo no me canso de repetir que las películas X no son la mejor manera de educarse sexualmente, puesto que guardan más relación con el circo que con un documental de La 2. Claro, cuando en una de esas pelis tú ves con qué alegría y desparpajo son recibidas (e ingeridas) determinadas emisiones corporales, más de uno puede pensar que la inmensa mayoría de las personas reaccionan de la misma manera. Y no. Quizás se dé algún caso de entusiasmo natural. Sin embargo, hay que recordar que esas actrices cobran (tampoco mucho) por demostrar que están encantadas de la vida. Por muy bien que hagan su trabajo (como si estuvieran bebiendo una piña colada después de un largo paseo por la playa) seguro que la procesión va por dentro.

En la vida real, las cosas no van exactamente por esos derroteros. Aunque haya algunos casos exagerados que reaccionan ante el esperma como si fuera la sangre de un Alien, la inmensa mayoría del personal tiene una actitud de cierto desapego (qué contradicción) respecto al semen. Como sucede con otras manifestaciones corporales relacionadas con el sexo, lo que antes del orgasmo te excita las neuronas, puede provocar un cierto repelús después del feliz desenlace.

Mientras tanto, muchas empresas se dedican a vender por Internet pastillas que incrementan el volumen seminal, cambian el sabor e incluso le pueden dar un tono azulado... Será para fans irredentos de los Pitufos, si no, no me lo explico. No está de más recordar que el semen es una extraordinaria vía de transmisión del VIH, la hepatitis y muchas más enfermedades de transmisión sexual. O sea, que cuidado con dejarse llevar por ciertas euforias fronterizas con la antropofagia.

2 comentarios:

angeloso dijo...

muy bueno xD
además de decir verdades las dice de modo que te partes el pecho de risa

ladiya dijo...

deberias mentar al autor o de donde lo sacas y tal

moola



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