14 abril 2008

VIVO

Respiro aunque sé que no es cierto. Me agarro a este mundo por desgracia aunque a veces no me gustaría vivir más en él. Me desplazo inconsistentemente de un lugar a otro sin motivo aparente.

Recuerdo que al principio sabía quien era, recordaba mi vida, mi nombre. que era consciente de que estaba muerto. De hecho, recuerdo el sentimiento de rabia. Veía absurda mi muerte, aunque ahora no sé qué fue lo que me ocurrió. Hay días en que intuyo cómo fue mi último día pero al cabo de un tiempo todo se diluye.

Siempre ocurre lo mismo. Con el tiempo todo se va…

que quería mi vida. que era querido.

Solía ver pasar los días de mis hijos. A veces les daba abrazos cuando tenían problemas. Creo que logré darles calor alguna vez. Ahora ni tan siquiera recuerdo sus nombres. Algunos días me encuentro en habitaciones que desconozco. Paso al lado de una mujer vestida de traje mientras toma un café apresurado y por unos segundos me lleno de cariño hacia ella. Es mi hija, me digo, pero al cabo de un momento esa sensación se va y vuelve a ser una desconocida, otra cara más. que otras veces he visto a mi hijo… El final siempre es el mismo.

La mayor parte del tiempo desconozco haber tenido alguna vez hijos; no existen. Sin embargo, hay momentos en que se abre la lucidez y, angustiado, intento volver a esa habitación. Nunca lo logro. La frustración me destroza y desperdicio los momentos en que recuerdo.

Ojalá supiera si fui buen padre para ellos…

Sólo tengo un pequeño faro al que agarrarme, lo único que veo con claridad, el sitio al que retorno desde cualquier punto en que me encuentre… mi casa, mi Elisa. A veces olvido su cara, pero siempre vuelvo a estar junto a ella cuando siento que no puedo más. La primera impresión es de desconocimiento. La segunda es una llama que se enciende y crece hasta derivar en la tercera: conciencia. Existo y sé. Aparece un rayo que me recorre y lo confuso es revelado… El rayo sigue un curso que parece predefinido y retornan imágenes en sepia, mis recuerdos, lo que fui y sentí, que hacen que sea consciente de que ella es mi Elisa, mi amor…

El faro siempre está encendido, aún cuando una bruma me impide verlo por momentos. Y es ahí cuando la desolación me destruye y sobreviene el miedo. Miedo porque su figura se turbie y lo borroso dé paso a la ignorancia; miedo a no saber que he amado, a que el faro se apague y el desconocimiento sea sinónimo de una soledad que nunca me abandone. Tengo miedo, vivo con miedo… miedo a mi infierno: el olvido.

3 comentarios:

ladiya dijo...

k bueno... k triste... yo aveces tengo miedo de convertirme en un alma errante...

feny dijo...

m gusta ese sentimiento d miedo.
alma errante es servidor

Juliette dijo...

Miedo al miedo...



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